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TAKTICTAKTIC Fuera de carta
Fuera de carta

Fuera de carta

En aquellos maravillosos años de universitario, no solo me dedicaba a ir a clase, estudiar e ir de fiesta ( y no precisamente en este orden), los fines de semana como cantidad de compañeros, buscaba ingresos extraordinarios en el mundo de la hostelería.

En el sector aprendí muchas cosas: tener hora de entrada pero no de salida, estar de cara al público, trabajar en situaciones de máximo estrés (benditas fiestas del Pilar por Plaza Santa Marta), pero de todas las experiencias vividas, el otro día recordé una que me hacía mucha gracia. Tuve un jefe que insistía en que él no quería camareros, ¡quería comerciales!, y en efecto así se “formaba” al personal, nos enseñaba no solo a tomar nota a los clientes, sino a sugerirles diferentes alternativas: raciones fuera de carta, vinos más acordes con la elección culinaria (¡¡¡y que sabría y sabré yo de vinos!!!), en resumen, distintas opciones que pudieran contentar al cliente y ya de paso engordar un poco más la cuenta.

Será por esto, que a veces, cuando entro en un restaurante y de repente un camarero salta con una recomendación, me da por pensar: ¿de verdad será la opción adecuada para mí?, ¿cómo puede saber este señor lo que a mí me gusta?, ¿conoce mis intolerancias o alergias?, ¿el producto estará a punto de caducar?, ¡ya lo tengo, nadie ha pedido ese plato y me lo quieren colocar!, son muchas las cuestiones que me vienen a la cabeza (lo se y me lo dicen siempre: soy un poco impertinente).

Si lo analizo detenidamente, yo cliente, ¿cómo sé, si el plato que me recomiendan es la mejor opción posible?

Para que el resultado de la recomendación sea lo más satisfactoria posible de acuerdo a mis expectativas, debería exponer al camarero la situación de partida:

  • Mis Gustos: eso está claro, sino sabe que soy vegano me puede recomendar un chuletón de vaca gallega.
  • Mis Impedimentos: por ejemplo, alguna alergia, no me apetece sufrir un ataque anafiláctico y convertirme en un “cadáver a los postres”.
  • Mis Necesidades: necesito comer mucho o poco para saciarme y sentirme a gusto.
  • Mis Recursos: el tiempo del que dispongo o el presupuesto que tengo en mente.

En resumen, debería detallar todas las variables que ayuden a un profesional a conformar una recomendación acorde a mis gustos, necesidades y recursos disponibles.

Y una vez hecho esto, ya sí, ya debería fiarme de su propuesta. Si es un buen profesional tendrá el criterio suficiente para adaptar su recomendación de forma certera, evitando que salga despavorido al ver un filete de carne roja o con la cara hinchada por los frutos secos de la ensalada.

Carlos Fiol Ayala
Carlos Fiol Ayala

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